Hay diversas teorías acerca de los orígenes tanto de la palabra "Tarot" como de su uso como vehículo para conocer el pasado, presente y futuro de las personas. Algunos sitúan su origen en Italia, otros ubican su procedencia en los gitanos que llegaron de Asia central a Europa y también se establece un vínculo del tarot con los antiguos egipcios.
El Tarot era un juego en la Italia del siglo XV, propagándose en el siguiente siglo a muchas otras partes de Europa, empezando por Francia.
Su uso como herramienta de conocimiento se sitúa en Italia y Francia a partir del siglo XVIII.
El Tarot más antiguo que se conserva actualmente procede de Italia y data de mediados del siglo XV. Se trata de un tarot pintado a mano que sirvió de regalo en la boda de Bianca María Visconti (hija del duque de Milán Filipo María Visconti) y Francesco Sforza.
De este Tarot, considerado el más antiguo conservado hasta ahora, se hicieron diversas versiones, pero ninguna de ellas era tan completa. Los tarots italianos y franceses (Tarot de Marsella) mostraban diseños dispares ya a finales del mismo siglo XV. La invención de la imprenta a mediados del mismo siglo propició que la difusión de los distintos diseños de Tarot se difundieran ampliamente, ya que la impresión con moldes de madera permitía una producción mucho más rápida que la que podría conseguirse pintando las cartas de tarot manualmente.
El Tarot más popular a finales del siglo XVII era el Tarot de Marsella, considerado como el padre de todos los Tarots modernos actuales, sobre todo en Francia. Sin embargo, fue perdiendo fuerza su uso durante un periodo hasta que un erudito de la época llamado Court de Gébelin cerca del 1775 renovó el interés por el Tarot, que dejó de ser solamente un sencillo juego de cartas. Court de Gébelin conoció el Tarot de Marsella y sus cartas le fascinaron, hasta el punto de encontrar con facilidad el simbolismo de cada una de ellas. El Tarot se convirtió entonces en algo mucho más serio y trascendente, rodeado de una aureola de misterio y esoterismo.